Planeta Conocimiento 21/11/2015 - 21:53
"Los muertos no mienten"
Fotografía: Carlos Díaz-Recio
Javier Tapia
Médico forense
Fueron muchos días sin comer y largas noches sin dormir. Cuatro años en los que Javier Tapia, jefe del Servicio de Patología Forense del Instituto de Medicina Legal de Las Palmas, un médico introvertido y meticuloso, se encontró completamente solo tratando de demostrar que el enfermero Iván Ramírez había acabado con la vida de su esposa, Laura González. Hijo y nieto de médicos, estudió Medicina y Cirugía en la Universidad Complutense de Madrid, ganando las oposiciones al Cuerpo Nacional de Médicos Forenses, realizó dos años de Máster en Toxicología por la Universidad de Sevilla y durante cinco años se formó como Psicoanalista. Hace un mes el Tribunal Supremo daba la razón al Tribunal Superior de Justicia de Canarias en la sentencia que condenaba a 23 años de prisión al enfermero. Salvo el fiscal jefe Provincial Guillermo García Panasco, nadie lo llamó para felicitarlo. Sin embargo, "ha sido la mayor satisfacción de mi carrera como médico forense", asegura. Su profesión forma parte del engranaje de la investigación de un homicidio: auxiliar a la Justicia.
¿Lo muertos hablan?
Los muertos te dicen muchas cosas. No sólo por dentro sino por fuera. Y además, no sólo hablan sino que no mienten, se expresan como un libro abierto en un idioma que debes entender: el lenguaje del cadáver.
¿Hay un examen de la escena de la muerte?
Hay tres tipos de situaciones. El tipo de muerte natural que no ha firmado el médico porque no lo ha visto morir, luego el caso de muerte suicida y el homicidio; en estos últimos el forense acude al levantamiento del finado.
"Los muertos se expresan como en un libro abierto que tienes que entender". / Carlos Díaz-Recio
Desde el punto de vista humano, ¿es lo mismo hacer una autopsia a un niño que a un adulto?
Los médicos estamos habituados a trabajar con cadáveres desde primer año de la facultad. Uno se va acostumbrando a hacer autopsias y estás preparado para lo que sea. Sin embargo, no es fácil sustraerse de una muerte que no debería haber ocurrido, como es el fallecimiento de una persona joven. Para los forenses que son padres de hijos pequeños es muy duro practicar la autopsia a un crío, por ejemplo. A veces no lo soportan. No soy padre, por tanto la autopsia del niño me resulta muy triste pero interesante desde el lado científico.
"La jueza y la fiscal estudiaron durante cuatro años más medicina que muchos estudiantes"
Hace poco más de un mes que el Tribunal Supremo daba la razón a la sentencia que condenaba a 23 años de prisión al enfermero que envenenó a su mujer. ¿Alguien le felicitó?
No, pero cuando el Tribunal Superior de Justicia de Canarias resuelve el recurso en agosto de 2014 me llamó el fiscal Guillermo García Panasco. Nadie más. Yo llamé entonces a la instructora del caso Virginia Peña, que lo pasó muy mal porque quien defendía al acusado era un abogado muy agresivo que continuamente ponía impugnaciones y amenazaba con querellas. También llamé a la fiscal de violencia de Género Beatriz Sánchez, que hizo un trabajo de estudio encomiable defendiendo que Iván mató a su esposa de manera lenta y sigilosa utilizando sus conocimientos médicos y suministrándole medicamentos y sustancias no pautados. Me atrevería a decir que la jueza y la fiscal estudiaron durante esos cuatro años más medicina que muchos estudiantes. Las felicité a ambas.
"Para los forenses que son padres de hijos pequeños es muy duro practicar la autopsia a un niño". / Carlos Díaz-Recio
¿Cuándo comienzan las sospechas?
En julio 2010 nos llega el cadáver de Laura González como muerto judicial porque el médico que la había tratado sospechaba una muerte violenta. Había observado en ella un cuadro muy raro. Le hacían análisis de sangre y daban unas cantidades muy altas de insulina, de ansiolíticos, de morfina. Y claro, pensaban también que podían habérsela administrado en una reanimación, pues tenía cuadros de parada respiratoria. No lo tenían claro.
¿Y qué hicieron?
Ese fin de semana antes de morir, habían pedido un análisis de metales. Lo mandaron a Madrid al laboratorio del Hospital Gómez Ulla, pero cuando llegó el resultado la chica ya estaba muerta. Aquel análisis dio dosis muy elevadas de talio, un veneno muy letal.
"Cuando por tu trabajo tienes un contacto continuo con criminales y delincuentes, te resulta fácil detectarlos"
Y usted, ¿por qué sospecha desde el primer momento que había sido asesinada?
Cuando saco el cadáver de la cámara refrigeradora observo alopecia y en las uñas unas líneas blancas que aparecen por acúmulo de metales. Ambas sintomatologías son características de esa clase de envenenamiento. Llamé a la médico Carmen Pérez, a la Unidad Intensiva del Hospital Insular, nombrada perito para estar en la autopsia, y le dije: "Esto es envenenamiento por talio". Recuerdo que al terminar la autopsia, tenía también sospecha de una intoxicación por barbitúricos, que se traduce en el cadáver por un color sonrosado vivo. También se descubrió un pinchazo a nivel del franco lumbar. Un lugar muy extraño para pinchar. Luego se supo que el personal sanitario nunca le había pinchado ahí.
"El marido tenía un cuadro de trastorno de personalidad antisocial de libro". / Carlos Díaz-Recio
¿Pidió más análisis?
El jefe de Farmacia del laboratorio Gómez Ulla pidió vello púbico, pues la chica se había decapado y teñido el pelo, de manera que el resultado quedaba alterado. En conversación con la jefa de laboratorio del Hospital Insular, dijo: "Estos niveles de talio no los he visto en mi vida". En la autopsia se piden uñas y pruebas complementarias como toxicológicas, patológicas, porque se sospechaba la presencia de barbitúricos. También se pidió la analítica patológica de la punción que tenía en el lumbar.
¿Por qué se sospecha del marido?
El marido al ser enfermero aprovechaba situaciones para meterse en la habitación cuando no debía. Luego se supo que en esos momentos le suministraba medicación. También tenía acceso al cuarto de medicamentos y además de conocer la historia médica de su mujer, contaba con los conocimientos precisos para administrárselos. Por otra parte un pariente de la fallecida que vino a la Isla al día siguiente de su muerte cuenta que mientras acompañaba a Iván al supermercado, lo vio tirar cajas de medicamentos en un lugar lejano a su casa. Este chico volvió en taxi a dicho lugar y recogió los fármacos, poniéndolos a disposición judicial.
"Cuando alguien pierde a su mujer no dedica su tiempo en ir a visitar al día siguiente a un forense al lugar donde la van a abrir en canal"
¿En algún momento habló con usted?
Ese día por la mañana se acercó a hablar conmigo, y yo como ya había visto esos signos tan extraños en el cuerpo de su mujer, rechacé verlo. La tarde que hicimos la autopsia, llamé a mi pareja que es policía, y ella me dijo que lo ponía en conocimiento del juez de Guardia de Las Palmas, decretándose la entrada y registro en el domicilio familiar, pues estábamos ante un presunto homicidio por violencia de género. Esa misma noche nos dirigimos a la casa familiar del matrimonio el juez de Guardia, la fiscal de Violencia, dos forenses que habíamos hecho la autopsia y el secretario Judicial.
"El marido era un manipulador sin escrúpulos". / Carlos Díaz-Recio
¿Ella nunca sospechó de su pareja?
No sospechó de él por la propia personalidad de él. Nunca se le llegó a hacer un examen psiquiátrico forense porque la línea de defensa del abogado iba por otro lado, pero habría sido interesante.
¿Usted detectó algo extraño en su comportamiento?
Cuando alguien pierde a un ser querido y, sobre todo, tan directo como es su pareja, se encuentra muy enojado. No dedica su tiempo en ir a visitar al día siguiente a un forense al lugar donde van a abrir en canal a su mujer. Aquello me pareció ya muy extraño.
¿Y en la casa familiar que vio?
Vi que ese hombre estaba interpretando un papel, porque en principio se le veía apenado, pero cuando le hacías una pregunta sobre una mancha de sangre, por ejemplo, le cambiaba el rostro y se acordaba de todo con precisión. Y cuando una persona se encuentra en esos primeros momento de duelo, la memoria le falla, anda confusa.
Por su profesión, estará acostumbrado a observar el comportamiento del criminal.
Cuando por tu trabajo tienes un contacto continuo con delincuentes, te resulta fácil detectarlos. De hecho, mientras lo observaba pensaba que tenía un cuadro de trastorno de personalidad antisocial de libro. Un manipulador sin escrúpulos.
"El asunto tenía la suficiente enjundia como para haberse llevado entre dos o tres forenses". / Carlos Díaz-Recio
¿Cuándo se queda usted solo en todo este proceso?
Un día me llamó el jefe de Analítica del Institucional Nacional de Toxicología que hacía los trabajos en común con el Gómez Ulla, para decirme que en el resultado de la analítica salía talio, "pero no tanto". Pido entonces hacer la prueba de nuevo en cabello. En septiembre me llama otra vez y me dice lo mismo. Ahí me quedo solo. Nadie quiso firmar conmigo.
¿Por qué sigue usted adelante, a pesar de todo?
Yo había hecho un máster de dos años en Toxicología en Sevilla, así que sabía que en estos asuntos había que afinar, que tenía que ser un médico quien hiciera la valoración. Hice un escrito para que se aclarara la discrepancia con los resultados primero y siguientes, y redacté que debido a la sintomatología, en caso de no llegar a un acuerdo en laboratorio, 'primara la clínica' (una máxima que tenemos en Medicina). El asunto tenía la suficiente enjundia como para haberse llevado entre dos o tres forenses, pero así son las cosas.
"El ser humano tiene núcleo salvaje. Si te falta o pierdes la coraza que reprime ese comportamiento pasas al instante a ser un asesino"
¿No fue respaldado por nadie?
No, y no lo pasé bien, pues no me vi respaldado por la entonces Dirección del Instituto de Medicina Legal ni por algunos colegas de profesión. Recuerdo que tuve que estudiarme toda la endocrinología. Todo el mundo se quitaba del medio, menos la doctora Carmen Pérez Ortiz, del Servicio de la UMI, que me ayudó muchísimo a comprender el caso.
¿Y de la otra parte?
A la vista oral y como peritos médicos de la defensa de Iván vinieron un catedrático de Medicina Legal, el famoso Frontela, que me llegó a insultar durante la vista, uno de Patología General, el presidente del Colegio .
Seguirá.....
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